Como ya hiciera en octubre del año pasado, cuando ordenó retirar todos sus carteles de propaganda para las elecciones al Consejo de la institución, la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC) volvió ayer a reclamar el cese de la teniente que ejerce la jefatura del cuartel de Altea.
«Ha generado una gran crispación y desmotivación en la plantilla y no ha facilitado nunca la conciliación de la vida familiar y laboral», explicó en relación a la oficial el portavoz del citado colectivo, Manuel Martínez.
La situación se ha convertido prácticamente en insostenible. Hasta el punto de que en los últimos días se han acumulado una veintena de bajas laborales, casi un tercio de los 63 funcionarios destinados en el puesto de Altea.
La AUGC critica que la teniente ha introducido cambios «a peor» en una unidad, la de Prevención de la Delincuencia, que funcionaba y arrojaba «cifras óptimas» con respecto a los índices de criminalidad. «Antes había tres o cuatro patrullas por turno para los cuatro pueblos de la demarcación (Altea, Polop, l'Alfàs del Pi y La Nucia) y ahora sólo hay una», señalan desde la asociación profesional.
De hecho, aseguran las fuentes consultadas que las Policías Locales de esos lugares han tenido que asumir servicios que competen por su materia al Instituto Armado.
Este diario informó ayer que los veinte guardias se habían dado de baja en solidaridad con una compañera expedientada por retrasarse unos minutos al incorporarse a su puesto debido a que debía llevar a una residencia a un familiar discapacitado que depende de ella.
Pero la AUGC asegura que el motivo de la sanción impuesta a esta guardia, que se encuentra actualmente de baja, es otro y que en las ausencias laborales del tercio de la plantilla subyace un malestar que vine de lejos y está relacionado con la organización del trabajo.
Según Martínez, su colectivo expuso hace tiempo ante el coronel y el capitán de la Compañía de Calpe los problemas personales de esa compañera, pues había pedido tener libres los miércoles libres para poder llevar a su padre discapacitado -no a su madre, como se indicó por error- a un centro de salud. Y la teniente, «en lugar de concedérselo, le ponía servicios».
Preguntado acerca de si los guardias no temen represalias después de protagonizar esa especie de «rebelión», el portavoz del colectivo adujo: «Es tal el estado de desmotivación que no importa».
Además, Martínez reclamó «una respuesta» a la situación generada en Altea «por parte de los responsables de la Guardia Civil en la provincia».