«No murió de milagro, tardamos siete horas en bajarlo de la montaña»

Jesús Antolín, guardia civil en Potes, rescató a un alpinista herido en los Andes, a 5.000 metros de altura

«Oímos los gritos tras no poder subir por el mal tiempo 'La Esfinge', una pared vertical situada a 5.000 metros de altura»

antolinDelante de ellos les esperaba 'La Esfinge', una pared vertical de granito de 750 metros situada en la Cordillera Blanca de Perú, pero el mal tiempo les impidió escalarla. Jesús Antolín, un guardia civil del Greim de Potes, y otros cuatro compañeros se dieron la vuelta y confiaron en poder volver otro día para intentarlo. Pero a 5.000 metros de altura la rutina no existe. Antes de regresar a su refugio, estos especialistas del rescate en alta montaña tuvieron que dejar aparcadas sus vacaciones para salvar la vida a un alpinista. Un rescate de siete horas a más de 9.000 kilómetros de distancia de casa.
Estos cinco guardias civiles han escalado juntos algunas de las cimas más complicadas de Europa, en Pirineos y los Alpes, por ejemplo. Y este viaje a los Andes era sólo «un paso más». «Nos encanta la montaña y con estos viajes, además, mejoramos en nuestro trabajo», explicó a este periódico el agente cántabro. Y con esa idea, los cinco compañeros se presentaron en los Andes el pasado 29 de mayo para recorrer la Cordillera Blanca durante un mes. En ese mismo lugar murieron dos alpinistas españoles el pasado 9 de julio.
«No buscábamos hacer grandes cimas, nos motiva más abrir vías en paredes desconocidas», señala Antolín antes de enumerar las cumbres que coronaron antes del día que transformó su viaje: Ishinca, Toclaraju y Urus. «Eran una toma de contacto porque en los Andes se nota mucho la falta de oxigeno, la mala digestión y la falta de sueño», explica. Después llegaron picos más técnicos, como Quita Raju y Alto Mayo. Todo esto antes de afrontar el último reto, 'La Esfinge'.
«El día anterior a escalar la pared conocimos a tres hermanos y un primo peruanos que también iban a intentarlo», recuerda Antolín. Pero tanto los guardias civiles como estos montañeros se encontraron de frente con una dificultad añadida: una intensa nevada que impidió subir la pared.
Gritos de auxilio
«Íbamos justos de comida, así que decidimos bajar. Los peruanos se adelantaron y se confundieron de camino. Uno de ellos resbaló por un canal vertical y cayó 60 metros», señala Antolín. Pero los agentes sólo fueron conscientes del accidente cuando empezaron a escuchar gritos de auxilio. «Fuimos hacia ellos y vimos una persona inmóvil. Estaba vivo pero hecho migas. Tenía una fractura abierta de tibia, peroné y fémur, y la cadera y una muñeca rotas, además de tres vértebras aplastadas». Un diagnóstico malo pero milagroso. «De cien personas que se caen por ahí, mueren 99. Tuvo la suerte de no darse en la cabeza», reconoce el agente.
Los guardias civiles desempolvaron entonces todos sus conocimientos sobre rescate en montaña. «Como es un trabajo vocacional, cuando ves un accidente te mueves instintivamente». Mientras algunos se encargaron de inmovilizar al herido, otros bajaron en busca de ayuda. Pero Perú no cuenta con los mismos medios que España, y fue imposible llevar un helicóptero allí. «Tardamos siete horas en bajarlo. No murió de milagro», reconoce Antolín.
Tras el rescate, los guardias civiles tuvieron reuniones y charlas con los equipos de emergencias de la localidad cercana e hicieron prácticas con ellos. «No sabían usar muy bien el material que tenían y les enseñamos algunas técnicas. Se mostraron muy interesados en venir a España a formarse», explica Antolín, quien no se marchó de los Andes sin cumplir su objetivo. «El último día conseguimos escalar 'La Esfinge'. Nos quedaba esa espina clavada y queríamos hacerlo en nombre del chico accidentado». El próximo reto de estos cinco agentes se encuentra lejos de Perú: Canadá o Patagonia.