Es lamentable volver a escribir de lo mismo una y otra vez, Esto ya se parece a la famosa película sobre el día de la marmota, Groundhog day, que como su título en español dice (Atrapado en el tiempo) refleja claramente la problemática de unos ciudadanos de segunda. Una gran mayoría de guardias civiles viven en un estado de agitación, malestar y desencanto continuo ya que no terminan de ver llegar a buen puerto las reivindicaciones en sus condiciones laborales que siguen siendo no ya de segunda, sino de tercera en comparación con el resto de servidores públicos de la seguridad. Todo lo que se ha conseguido ha sido a base de luchar, luchar y luchar; pero, claro, el contrincante es de aúpa: la Administración, y por supuesto ese pequeño gran estado, dentro del Estado, que es la propia Guardia Civil con una pléyade minoritaria cuasi todo poderosa de mandos que olvidan -ellos y quienes les dirigen- que también son funcionarios y están, por tanto, al servicio de los intereses generales y de dotar a los miembros de la Guardia Civil de las herramientas y condiciones necesarias para mejorar ese servicio. Entre ello, lógicamente, está atender las reivindicaciones legítimas y justas de sus componentes sobre sus condiciones de trabajo, ellos, que no encuentran dificultades para ver aumentadas considerablemente sus retribuciones, ya de por sí elevadas.
El ajuste del gasto público debería empezarse por la parte alta de la institución y no al revés. Por suerte, nos quedamos en el casi, ya que si no fuera por las asociaciones profesionales -entre las que AUGC es la referencia por años de experiencia y representatividad-, hoy en día con más de 30.000 guardias civiles en su estructura que a base de jugarse el tipo con sanciones disciplinarias durísimas, persecuciones, prisiones militares, expulsiones, acoso laboral, etc. han conseguido introducir un halo de esperanza, pero sobre todo de cordura, en la benemérita institución. Desgraciadamente, casi todo sigue igual. O no, porque puede ponerse peor. Días atrás, un general de cuyo nombre no quiero acordarme, además de llegar tarde a una reunión, se permitió el lujo de ningunear una mesa de trabajo compuesta por representantes del Consejo de la Guardia Civil (órgano amparado en la Ley de Derechos y Deberes de los guardias civiles), y lo que debería haber sido una jornada de trabajo, y el camino a la solución de uno de los principales problemas en el día a día de los guardias civiles, se saldó con los representantes de AUGC abandonando una mesa donde se niega el pan y el agua a los guardias civiles. Por cierto ¿dónde estaba el director general? Los guardias civiles, aparte de ser los policías peor pagados de España y con menos derechos, tienen la peor jornada laboral comparados con todos los cuerpos policiales incluidos autonómicos y locales, y hasta el propio Ejército. Y lo que es más sangrante: con respecto al Cuerpo Nacional de Policía, el cuerpo hermano que bajo la tutela del Ministerio del Interior y con la misma Dirección General y el mismo director general, no dispone de los mismos derechos laborales. Lo que unos tienen a otros se lo niegan.
Por poner unos ejemplos: jornada laboral 166 horas mensuales los guardias civiles por 144 de los policías nacionales; turnicidad regulada en Policía que es inexistente en la Guardia Civil; productividad coherente en Policía y escandalosa en Guardia Civil; regulación clara y concreta de vacaciones, permisos y licencias en Policía y un cajón de sastre en la recién creada norma en la Guardia Civil donde las directrices varían a capricho de los jefes de turno. Y así un sinfín de regulaciones internas. Pero los guardias civiles ya no son tontos, saben perfectamente quién les engaña, quién los mal dirige y quién no quiere que esto cambie; están hartos de engaños y mentiras como ya lo han demostrado con diferentes manifestaciones de uniforme y de paisano y que mucho me temo, si no hay un milagro de última hora, volverán a repetir para vergüenza de un Gobierno que quedará una vez más en ridículo no sólo aquí, sino internacionalmente. No es cuestión de dinero, es cuestión de justicia, igualdad y, sobre todo, dignidad. Esa que lleva arrastrada y pisoteada desde hace 166 años. Hasta que no se mida por el mismo rasero los derechos de los guardias civiles con sus homólogos, el conflicto seguirá agravándose y quien pagará las consecuencias será el de siempre, el ciudadano. A ver cuando despierta la marmota.