Guardias <bonus>, guardias <malus>

La nueva normativa de 'evaluación' del trabajo de los agentes de la Guardia Civil y el descenso en el número de denuncias de tráfico cursadas por los agentes merecen la reflexión del autor

JAVIER TORRELLAS | PORTAVOZ DE LA ASOCIACIÓN UNIFICADA DE LA GUARDIA CIVIL

En las últimas semanas, el torrente de noticias en los medios de comunicación ha sido espectacular porque espectacular ha sido la medida adoptada por el Ministerio del Interior, la Dirección General de la Guardia Civil y la Dirección General de Tráfico; los bonus llegan de nuevo a las carreteras españolas esta vez con la imposición a los Guardias Civiles de un baremo con el único fin de recaudar más dinero, se mire como se mire. Con esta medida lo que se persigue es ni más ni menos que intentar poner puertas al campo y eso es imposible. Me explico: el descenso de multas en los últimos meses por parte de los guardias civiles, especialmente los agentes de Tráfico, aunque no son los únicos que denuncian este tipo de infracciones, ha sido el que es, aunque se intente por parte de la administración camuflarlo (ahí están las declaraciones del director General de Tráfico y otras posteriores del ministro del Interior), lo que les ha llevado a un grado de exasperación tan elevado que lo único que se les ha ocurrido es imponer el famoso baremo (calificar mensualmente a los agentes aplicando índices multiplicativos que evalúan su trabajo hasta 4 en el caso de denuncias a los transportistas ya que estas sanciones tienen unos importes superiores a los 2.000 euros, o por 5 en alcoholemias; en cambio los servicios humanitarios de ayuda en carretera, auxilio, prevención, etc. multiplican por uno). No se quieren quitar la venda de los ojos ni los tapones de los oídos. Todo vale menos ir al fondo del problema que es ni más ni menos la gran desmotivación de los guardias civiles ante el agravio constante y reiterativo por parte de la Administración con el resto de empleados públicos, pero sobre todo con los diferentes cuerpos policiales. A la insalvable y estratosférica situación comparativa con las policías autonómicas y muchas locales, lo que ha colmado el vaso no es la medida aprobada meses atrás de reducir el 5% las retribuciones a los empleados públicos, los guardias civiles lo asumen aunque no guste, claro está porque en estos casos sí sale a relucir la benemérita solidaridad al igual que en el día a día por las carreteras españolas arriesgando la vida en accidentes, controles, transportes especiales, retenciones, delincuentes de todo tipo y muchas otras situaciones. Para muchos guardias civiles será frustrante ver que se prime mucho más una sanción que un auxilio que una ayuda humanitaria donde con frecuencia su vida está en juego. Un dato muy significativo y que ha pasado de tapadillo por parte de la DGT es que, paradójicamente, entre medio de la vorágine de multar por multar resulta que ha descendido considerablemente el número de accidentes. Está claro que bastante tendrá que ver la labor preventiva de los guardias civiles en la carretera. Ministro, directores generales, además de no querer equiparar a los guardias civiles en derechos (que en obligaciones está a la cabeza) con sus homólogos del Cuerpo Nacional de Policía (no sé si se han dado cuenta todavía bajo la misma Dirección General y el mismo director general) en algo tan justo como regular su jornada laboral (una media de 22 horas mensuales más y gratis) la cual, por cierto, el CNP la tiene desde hace casi veinte años, han puesto a los pies de los caballos a los guardias civiles con los ciudadanos, y muy especialmente con el colectivo de transportes. Han reforzado la mano que mece la cuna (o la caja) de una Administración insaciable. Como el milagro de los panes y los peces, ustedes solitos han obrado la transformación de la Benemérita en la Bonus-mérita.