MENOS mal que todav!a nos queda laGuardiaCivil,
convertida en remedio de todos
losmales de una naci n cuya herencia se
reparten sus hijos amordiscos y puñetazos,mientras
el cabeza de familia presume por esos mundos
de solucionador de conflictos y enderezador
de entuertos. En tan tristes circunstancias,
laGuardiaCivil igual detiene terroristas
que persigue el narcotráfico, hace
frente amultitudes desmandadas, salva vidas
en las riadas torrenciales, salva la cara
del presidente cuando su amigo del alma le
pide más tropas para Afganistán y no quiere
o no puede, eso nunca se sabe con Zapatero,
dárselas. Sin decir, naturalmente,
que va al lugar más peligroso de aquel peligrosisimo país: los centros de instrucción de su policía, el objetivo predilecto de talibanes y Al Qaeda.
Sí, esos mismos guardiaciviles que ganan menos
que los guardiasmunicipales, y no digamos ya
que los policías autónomos, que tienen que llamarles
cuando se encuentran en apuros. Esos guardiaciviles
injuriados, ofendidos, vituperados, ridiculizados
por una izquierda que está demostrando
ser tan corrupta e incapaz como la peor de
las derechas, y que ahora los usa de criada
para todo. Sabiendo que estarán siempre
dispuestos a cumplir lo que les manden con
la disciplina, rigor y generosidad que les caracterizan.
Sin pedir nada a cambio, sin levantar
la más mínima protesta, conscientes
de que no se les dar ni las gracias, eso
sí, con humildad y orgullo, eso siempre.
Una verdadera lástima que la Guardia
Civil no sepa de economía ¿cómo va a saber,
si se ha movido siempre en los umbrales de la
digna pobreza? y no pueda arreglarnos los problemas
econ micos, cada vez más grandes, cada
vez más graves, cada vez más acuciantes, mientras
el gobierno subasta las $ltimas joyas de la heredad
entre los que le ayudan a mantener la ficción de que gobierna, dando aún más privilegios a
los que ya los tienen y subiendo las cargas a los
que de verdad trabajan. Esa es la última versión
del socialismo hispano: para los que le apuntalan
en el poder, todo. Para quienes intentan quitárselo,
soltar la jauría que descubra sus verguenzas.
¿Cuánto puede durar así un Estado? Depende de
la capacidad de autoengaño de sus habitantes,
que, siendomucha entre los españoles, no es infinita.
Digo Estado, no naci n, porque España hace
ya tiempo que ha dejado de serlo, como demuestra
la incapacidad de su Tribunal Constitucional
de ratificarlo.
En fin, siempre nos quedar la Guardia Civil,
por la sencilla raz n de que la necesitamos todos
los españoles, no importa la ideolog!a, credo, tiempo,
lugar de nacimiento o tendencias sexuales.
¿Quieren también quitar de sus casas-cuartel lo de «Todo por la patria», que la Guardia Civil ha demostrado
con hechos no con palabras? Son capaces.